
Cuando apenas si se empieza a notar que las horas de sol comienzan su carrera de persecución con la noche, se celebra la fiesta de San Antonio Abad, más conocido por San Antón. Estamos en el día 17 de enero.
Es el patrón de los animales y por tanto era, antiguamente, una fiesta muy importante en Chinchón. La presencia de los animales en la vida laboral y económica del pueblo tenía suma importancia. Si el ganado vacuno, porcino, ovino y avícola eran la base de la alimentación y con importante influencia en la economía familiar, los caballos, las mulas y los burros eran los elementos de carga y tracción fundamentales para la mayoría de las tareas agrícolas y elementos insustituibles para el transporte. Podríamos decir que la vida familiar de un agricultor giraba en torno a los animales. Su cuidado y alimentación eran tareas prioritarias a la hora de organizar la actividad y los niños eran los encargados de preparar sus comidas y de la limpieza de cuadras, corrales y apriscos.

El día de la fiesta, se engalanaba a los animales y se acudía a su ermita para que recibieran la bendición del Santo. Era lo que se llamaba "dar vueltas a San Antón".

La festividad de San Antón coincide con la época de la matanza que tenía una gran importancia tanto en la economía como desde el punto de vista gastronómico.
En este día se confeccionaba un dulce típico en Chinchón: los tostones. Más que postre era una golosina para los niños y estaba hecho con cañamones tostados y miel. Se mezclaban en una bandeja dando un espesor de medio centímetro y cuando se solidificaban se cortaban en trozos cuadrados de cinco a siete centímetros.