
Un torero borracho de muleta
ligando su faena entre ovaciones.
Sin comprender siquiera las razones,
al contemplarlo me sentí poeta.
Pero tiene tu plaza otra faceta
más profunda, más rica en emociones
si al silencio, prendido en los hachones,
le hiere un Viernes Santo la saeta.
Yo siento la emoción, el arte, el miedo,
- una emoción terrible y angustiosa -
cuando tu plaza se convierte en ruedo.
Y aún siento una emoción más honda y fuerte,
al paso de la Madre Dolorosa,
cuando tu plaza en templo se convierte.
Ilustración: Procesión de Semana Santa. de m.carrasco.m