sábado, 30 de abril de 2011

LA VERDADERA HISTORIA DE SALVADOR SANCHEZ "FRASCUELO"


En esta historia, también recogida en el libro "Chinchón Mágico"  vamos a recordar hechos bastante conocidos, quizás porque ocurrieron en tiempos no demasiado lejanos.
Vemos a un joven Salvaor Sánchez, mucho antes de ser “Frascuelo”, camino de Chinchón, al encuentro de la fama y de la gloria.
En las fiestas de Santiago del año 1863, es corneado en una capea y durante unos meses es atendido por Florentino Catalán, el tío Tamayo, que era albañil y tenía un estanco, al que años después, cuando ya era famoso, su “hijo” Salvador, le compró una posada en la plaza.
Es la historia, de Salvador Sánchez, que había nacido en un pueblecito de Granada...



Año 1863
La verdadera Historia de Salvador Sánchez.

I
 En la pequeña venta junto al puente que llamaban del ladrillo, en el camino de Madrid, esperaba ansioso Salvaor a que el arriero terminase de atalajar las mulas y uncirlas a los varales del carro para emprender el camino de vuelta a Chinchón.
 Le habían dicho que allí siempre había ojeadores entendidos que te podían ayudar si demostrabas buenas maneras delante del toro. Era víspera de fiesta y en el carro sólo trasportaba los pellejos vacíos en los que había venido el buen vino de la tierra, y tres garrafas que aún desprendían el penetrante olor de aguardiente anisado que tanta fama le había dado al pueblo.
 Manolo el arriero, al que se le conocía como el tío “Bigote”, le dijo al muchacho:
 - Has tenido suerte, voy de vacío, y vas a poder hacer un camino cómodo, si pones tu capote sobre esos pellejos, te puedes preparar un buen asiento.
 Estaba amaneciendo y había que aprovechar las horas en las que el sol todavía no calentaba demasiado para hacer la mayor parte del viaje que venía a durar de cinco a seis horas en función de la carga.
 Salvaor era un mozo bien plantao, de fina figura y de andar pausado, de mirada altanera y de hablar sentencioso. Su hermano Antonio siempre le dijo que un torero siempre tenía que comportarse con la distinción propia de un maestro y el joven se había aprendido muy bien esta lección.
 De niño se había trasladado a Madrid con su familia, desde su Churriana natal, y desde muy joven había demostrado su afición a los toros, actuando de banderillero y toreando en mojigangas y charlotadas. Ahora quería darse a conocer y Chinchón bien podía ser su primer escalón para alcanzar la fama.
 - Tienes que tener mucho cuidado, galán. Las capeas del pueblo son muy peligrosas, los toros están “resabiaos”, y hay mucha rivalidad entre los mozos que quieren lucirse.
 Los dos hombres compartieron el almuerzo que traía el arriero y el vino fresco de la bota colaboró en que la conversación fuese fluida y amable y que el camino se le hiciese, al tío “Bigote” más corto que de costumbre, oyendo las mil aventuras taurinas que Salvaor le iba contando, con su gracejo granadino pero con una seriedad impropia de sus veintiún años.
 Llegaron al pueblo a primeras horas de la tarde y el arriero le invitó a comer en su casa, pero Salvaor pensó que ya eran muchas las atenciones que había recibido y lo rehusó amablemente, aunque tuvo que aceptar un trozo de longaniza y un cantero de pan que le puso en la mano a la hora de despedirse.
 Cuando llegó a la plaza recibió una fuerte impresión. La plaza lucía ya engalanada para la fiesta del día siguiente. Se había formado el ruedo con carros y se habían colocado talanqueras para ampliar la capacidad de espectadores.  Algunas balconadas ya se habían adornado con mantones y colgaduras que daban la nota de colorido a la luz del sol implacable que caía de pleno.
 Sólo bajo los soportales se notaba un vientecillo fresco que aplacaba los rigores del aire que casi se hacía irrespirable. Salvaor colocó su capotillo junto a una de las columnas y se sentó en la piedra reluciente y fresca de uno de los escalones. Sacó de su hatillo las viandas que le había regalado el tío “Bigote” y empezó a comer admirando la mole pétrea de la Iglesia que presidía todo aquel conjunto arquitectónico que más parecía un grandioso decorado que la plaza de un pequeño pueblo.
 A su derecha, en la parte de arriba de la plaza, una fuente, sin duda, recientemente remozada, le ofreció las frescas aguas de sus chorros que caían monótonos y sin pausa en un gran pilòn en el que abrevaban unas mulas que venían del campo. Se refrescó la cabeza y los brazos y quedó pensativo sin atreverse a beber.
Una mujer, que contemplaba entretenida la escena, dirigiendose al maletilla, le dijo:
 - ¡Bebe, sin miedo, ese agua, buen mozo, y serás torero famoso!
 Esa tarde conoció a varios mozos del pueblo; Aureliano Serrano, Valentín Catalán, el hijo de la estanquera y otros aficionados que le fueron poniendo al corriente de los usos y costumbre del pueblo, en materia taurina.
 - Tienes que esperar a que los mozos hagan los primeros recortes al toro, si no, no te van a dejar que torees... Luego ya no se meteran contigo...
 - En cambio, si te ves achuchado por el toro, te puedes acercar a los carros que te ayudaran a subir, no como en otros pueblos que no permiten que nadie se suba a su carro...
 - Aquí las mujeres chillan mucho....
 Aquella noche, Salvaor durmió en uno de los carros de la plaza, arropado en su capote. A la mañana siguiente se desayunó unos churros y se dió una vuelta por aquel pueblo de calles estrechas, tortuosas y empinadas. Calles empedradas y con un albañal en el centro y a uno de sus lados una senda de ladrillo rojo por donde andar en invierno para no escurrirse con los hielos sobre las piedras. Un pueblo con castillo a medio derruir y con muchas iglesias y conventos. Un pueblo que se despertaba alegre porque era la fiesta del Apostol Santiago al que llamaban “Matamoros”.
 La capea, por la tarde, estaba siendo muy animada, y la plaza registraba un lleno total. Las familias de los agricultores se acomodaban en el carro que cada uno había bajado el día antes, por la mañana, a la plaza. Las balconadas estaban ocupadas por sus dueños que muchas veces no eran los propietarios de las casas, que sólo en los días de fiesta tenían que franquear el paso a los dueños de los balcones. Los que no tenían carro o balcón, se procuraban una localidad en las talanquera o se las ingeniaban para recibir la invitación de algún amigo.
 En el ruedo, Salvaor observaba a los mozos del pueblo que, como le habían advertido, no dejaban que nadie se acercase al toro con capotes o muletas. Habían llegado al pueblo otros maletillas, también, con la esperanza de poder dar unos capotazos que les abrieran la puerta de la fama.
 Era un toro chico, malencarao y tardo en la envestida. Los mozos se habían cansado de citarle sin resultado y uno de los maletillas se fue hacia él con su capote envuelto en un estaquillador a modo de muleta. No logró que el morlaco se arrancase, ante los silvidos del respetable que empezaba a impacientarse por el flojo juego del astado.
 Su nuevo amigo Aureliano, le animó:
 - ¡ Ahora, Salvador!
 El de Churriana, erguido, con andares garbosos y pintureros, la cara alta y arrastrando el capote detrás suyo, cruzó el ruedo hacia el toro que seguía inmóvil y amenanzante sin perder de vista a cualquiera que se moviese a su lado. Echó el capote, a una mano, al hocico del toro. Con habilidad, más propia de un maestro, consiguió atraer al animal hasta el centro de la plaza. Allí, cogió el capote con las dos manos y perfiló tres verónicas ajustadísimas, cerradas por una media con los brazos caídos, que arrancaron el aplauso unánime de la concurrencia.
 Otro maletilla quiso aprovechar el clamor para intervenir, pero los mozos que estaban alrededor no se lo permitieron. Salvaor, se echó el capote a la espalda y volvió a citar al toro. Fueron tres pases cerrados por una revolera que hicieron resonar, de nuevo, los aplausos de toda la plaza. Se sintió, en ese momento, figura del toreo. Elevó sus ojos al cielo azul y, por unos instantes, se sintió trasportado a la gloria, entre el clamor y los aplausos que resonaban en sus oídos.
 De pronto, ese clamor y esos aplausos se tornaron en gritos. Salvaor había olvidado que a un toro no se le puede perder la cara y fue arrollado por aquel toro chico y malencarao que le dejó tendido en la arena con una fea cogida.
 - Esta herido... ¡mira como sangra!
 - Ha sido en el culo... puede ser grave...
 El toro salió huyendo y se refugió en la querencia de los toriles. Varios mozos, que no se habían percatado de la gravedad de la cogida, corrieron a ayudarle y le animaban a dar la vuelta al ruedo para recibir el aplauso del público.
 - No seáis brutos, ¿no véis que está herido? ¡Llevadle, inmediatamente, al hospital!
 Era don Victor Marcitllach, el señor Alcalde, que presidia el festejo.
 No había en la plaza ninguna estancia habilitada para atender a los heridos. Tampoco era el hospital una garantía de buena atención sanitaria. En realidad, el hospital no era mucho más que un lugar de acogimiento de pobres enfermos, por lo que sólo eran llevados allí los que no disponían de medios para pagarse una atención sanitaria.
 En uno de los carros, cerca del ayuntamiento, Florentino Catalán, albañil y buen aficionado, había apreciado el garbo torero del muchacho. Sin pensarlo, se fue hacia los mozos que portaban en brazos al muchacho, y les dijo:
 - Nada, de hospital, ¡llevadle a mi casa..!
 - ¡Es que ha dicho el alcalde..!
 - ¡Pues así lo diga Dios en el cielo... Yo no consiento que a este mozo que tanto promete se le meta en el hospital como a “probe” de pedir...
 Florentino Catalán, además de albañil y buen aficionado a los toros, era conocido en el pueblo como el tío “Tamayo” y tenía un estanco del que se ocupaba su esposa.
 Cuando ésta vió llegar a la comitiva, se plantó ante su marido:
 - Me figuro que lo piensas cuidar tú... ¡No tengo yo trabajos “pa” meterme en uno más!
 - ¡Así será! Contestó el tío Tamayo, que era castellano viejo, hombre de pocas palabras y fuertes decisiones.
 - Llegó el médico al estanco, hicieron vendas de unas sábanas que tenían guardadas en un cofre, ante las protestas de la mujer, y le hizo las curas pertinentes.
 Después, ya en el ayuntamiento, dio el parte médico a las autoridades.
 - Ha sido una cornada ascendente, en el recto, de veinte centímetros que ha interesado el músculo, y otra de quince centímetros en el glúteo izquierdo. La cogida ha sido grave, pero si no hay infecciones, ésta la cuenta el muchacho; pero tiene para unos meses, tendrá que dormir boca abajo, y no se podrá sentar en unas semanas...
 El diagnóstico del buen médico rural era acertado. Florentino y su mujer se desvivieron en atenciones al joven Salvaor, que no sabía cómo agradecer lo que aquellas buenas personas estaban haciendo por él. No tardó mucho en salir a los soportales de la plaza a darse pequeños paseos, donde recibía el cariño de todos los vecinos, que empezaron a considerarlo como uno más de ellos. Trabó una entrañable amistad con Valentín, que era un poco más jóven que él, y en cuanto pudo, colaboró en las tareas del estanco, para ayudar a la que, desde entonces, llamó “madre”.
 Era el año 1.863 y a mediados de octubre, emprendía el camino de regreso a Madrid, en busca de la fama que había vislumbrado mirando el cielo azul, después de una revolera ceñida a un toro chico y malencarado en el centro de la plaza de Chinchón. 


II
 El viaje en tílburi desde Torrelodones a Chinchón era un paseo recordando aquel que había hecho en el carro del tío “Bigote” casi treinta años antes. A don Salvador le gustaba visitar regularmente el pueblo que le había hecho su hijo adoptivo y pasar unos días con aquellos amigos que siempre le demostraron cariño, admiración y agradecimiento recíproco. Porque Salvador siempre había escuchado decir aquello “ser agradecido es de bien nacidos” y no quiso olvidar nunca lo que el Tío Tamayo y su familia hicieron por él. Y consideraba que no tenía ningún mérito el haber comprado para ellos la posada de la plaza, ni haber acogido en su casa a su hijo Valentín cuando fue herido, ni todos los regalos que siempre les traía cuando venía a Chinchón.
 También quiso siempre agradecer a todo el pueblo su cariño, organizando festivales benéficos, como aquel del  26 de octubre de 1871 y, sobre todo, el del 21 de septiembre de 1880 con motivo de las Fiestas del Rosario.
 Recordaba ahora el estoque con empuñadura de oro, costeado por suscripción popular, que le regalaron con ese motivo.  En la hoja del estoque había gravadas varias escenas de la lidia y una inscripción en la que leía: "Chinchón a su hijo adoptivo". Se lo entregó el teniente de alcalde D. Dionisio González, en una comida que organizaron el el Casino. Su amigo, el alcalde D. Víctor Marcitllach, no pudo asistir porque estaba de viaje.
 Subiendo, ya a la caída de la tarde, por la calle de los Huertos, recordó aquellos meses que había pasado convaleciente en aquel pueblo, y se admiró del trabajo de rehabilitación de las calles que se había llevado a cabo durante aquellos años por la Sociedad de Cosecheros. Daba gusto ver la limpieza y el esmerado mantenimiento que se podía observar del alumbrado público con farolas de petróleo. Tenía que decir a las autoridades que ya era tiempo de pensar en cambiarlas por el alumbrado eléctrico.
 En la posada del tío Tamayo habían preparado la mejor habitación, como siempre que venía, para el maestro. Y también, como siempre, después de la cena fueron llegando todos sus viejos amigos y se formó la tertulia que siempre duraba hasta altas horas de la madrugada.
 -¿Cómo llevas tu vida de torero retirado?
 - !”Mu” tranquilo y “mu” a gusto..! Viendo los toros desde la barrera, y dando mi opinión, mal que les pese a algunos... y cada vez más contento con la casa que me hice en la “Finca Monte Gasco” de Torrelodones...

 - Hemos oído hablar que has escrito un decálogo del buen torero...
 - ¿No me digas que ya lo conoceis aquí?
 - Conocerlo, no, pero algo hemos oído...
 - Pues escuchad:
 Aquí van mis diez mandamientos del toreo:

 “Primero: amar a Paquiro sobre todas las coletas.
 Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.
 Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego.
 Cuarto: honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.
 Quinto: no matar como Rafael el Gallo.
 Sexto: no amolar tanto a los toros ni a los espectadores.
 Séptimo: no hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.
 Octavo: no decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.
 Noveno: no desear la cupletista o super-tanguista de tu prójimo.
 Décimo: no codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda”.
 - Pues esto no va a gustar demasiado a algunos....
 -  Yo soy un matador de toros, aunque esté ya un poco mayor y retirado. Pero, tal vez por eso, estoy  libre de toda servidumbre o compromiso con las empresas y mis propios compañeros. Creo que tengo fuerza moral para denunciar algunos de los males que aquejan a la fiesta... Se que no es habitual encontrar entre las figuras del toreo, voces tan críticas y alejadas del acostumbrado corporativismo que siempre ha existido en el gremio...
 Pero ésto no es importante, contadme cosas de Chinchón....
 Se fueron haciendo un repaso de las novedades del pueblo y recordando hechos importantes que habían vivido juntos.
 Con los beneficios del festival del año 1880, en el que se lidiaron 4 toros de la ganadería de Veragua, tres por Frascuelo y uno por Valentín Martín, y  que ascendieron a 21.301 reales, se compró una barrera, similar a la de la plaza de Madrid, que fue fabricada en Aranjuez, y para colocarla, fue necesario que la Sociedad de Cosecheros realizase las obras para reducir el ruedo.
 Aunque el diestro intentó que no se supiese, era conocido por todo el pueblo que todos los inviernos daba dinero para repartir pan entre los necesitados... era “el pan de Frascuelo”.
 Uno de los contertulios era su amigo Aureliano Serrano, gran aficionado a los toros, que incluso llegó a torear en una becerrada que se organizó el 19 de junio de 1879 en la plaza del castillo de Chinchón.
 - ¡Mucho miedo pasaste aquel día, Aureliano..!
 - Pero nos divertimos mucho. La idea de hacer una corrida de toros en la plaza del castillo, fue todo un acontecimiento. Se preparó todo muy bien y fue un gran espectáculo.
 - Yo me lo pasé muy bien. Cuando recibí la invitación de mi amigo D. Tomás Ortiz de Zárate, el señor alcalde, para presidir la becerrada, no dudé en acudir, como siempre que me llaman de Chinchón.
 Hizo una día expléndido. La banda de música colaboró, como todos, de forma altruista, y amenizó la tarde con las piezas más escogidas de su repertorio. Actuaron como matadores, Juan Aguado y Aureliano Serrano. Los picadores fueron Joaquin Asensio y Manuel Olivas. Actuaron como banderilleros, Tomás Díaz, Maximiano Caraballo, Gerardo Fernmández y Amando Salgado. El despeje de plaza lo hicieron los jóvenes alguacilillos Gonzalo Marcitllach y Pedro del Nero. Actuaron como directores de lidia los diestros Victoriano Regatero y Valentín Martin, grandes amigos de Salvador que actuó como puntillero.
 - ¡Fue un día inovidable..!
 -¡Anda, Salvador, cuéntanos lo del teatro..!
 - No tiene importancia... Pues nada, que hace unos años, estaba yo aquí pasando unos días y llegó a la posada una compañía de variedades para hacer unas funciones en el teatro del Alamillo. El primer día no tuvieron muchos espectadores porque el precio de la entrada era caro para los del pueblo porque que ese año no habían sido buenas las cosechas... Me invitaron al día siguiente y cuando llegué al teatro había varias personas en la puerta, pero, parecía que no con demasiadas intenciones de entrar... Se me ocurrió que no era bueno que mis paisanos perdiesen esta oportunidad y empece a comprar entradas para todos los que allí estaban... No sé cómo pudo correrse tan pronto la noticia, porque al rato tuvieron que poner el cartel de “no hay billetes” y me dijeron que no conocían un éxito de taquilla tan importante en toda la historia de la compañía...
 Y así, contándo anécdotas y recuerdos trascurrió otra de las tertulias que siempre se organizaban en la posada del tío Tamayo, cuando recibía a su “hijo” Salvador.


III
 Tenido por uno de los más grandes estoqueadores de toda la historia de la tauromaquia, Frascuelo tomó la alternativa en 1867 de manos nada menos que de Francisco Arjona, Cúchares. En 1868 coincide por primera vez con Lagartijo y comienza una rivalidad que dividió España en dos bandos y sólo tiene parangón con las que mantuvieron Pedro Romero y Costillares o Joselito y Belmonte. Sus toros preferidos para triunfar fueron los "Veraguas", a los que con frecuencia despachaba recibiendo de forma impecable. Fueron memorables sus faenas en Madrid los días 19 de septiembre de 1869 y 22 de octubre de 1871, llegando la apoteosis al estoquear seis toros en la corrida de la Beneficencia de 1874. Otros hitos en su carrera fueron la muerte del último toro lidiado en la vieja plaza de la calle Alcalá el 9 de julio de 1874 y la corrida de la Beneficencia de 1882, mano a mano con Lagartijo. Ya en franca decadencia, tras recibir diversas cornadas de gravedad, se retira de los ruedos a principios de la temporada de 1889.
 Los taurinos definen el estilo de Frascuelo por su toreo en corto, su poder con la muleta y en los quites, y su decisión a la hora de estoquear, perfilándose en las cercanías de la res y matando por lo general "arrancando".
 A finales de febrero de 1898 acudió el maestro Salvador Sánchez "Frascuelo" a la finca de "El Soto Gutiérrez", invitado por su gran amigo don Esteban,  aunque ya estaba retirado de los ruedos,  a un herradero y tentadero de vacas y becerros. Tras bregar y dirigir las operaciones como en sus mejores tiempos, sudoroso y agitado, solicitó un vaso de agua fría, que le supo a gloria. Después de comer comenzó a sentirse destemplado, le subió la fiebre hasta más de 39º, fue trasladado a Madrid al día siguiente y tras soportar varios días una pulmonía infecciosa de índole palúdica (así fue diagnosticada) falleció el 8 de marzo de 1898, a la edad de 55 años.
 Pero esto es la historia conocida de Frascuelo. Nosotros sólo queríamos relatar la verdadera historia de Salvador Sanchez, nacido en Churriana de la Vega (Granada) e hijo adoptivo de Chinchón..

Nota: Las ilustraciones son una fotografía antigua de la plaza de Chinchón, posiblemente de la época de Frascuelo, y las tres placas que hay en Chinchón dedicadas al torero.

viernes, 29 de abril de 2011

MAÑANA SERÁ OTRO DÍA. (Cuento de hadas)


El populacho, que se agolpaba en las aceras a lo largo del recorrido, saludaba alborozado a la comitiva de cerca de dos mil invitados montados en sus flamantes automóviles de lujo. Las altas autoridades del país se habían ocupado de que ese día fuese día de fiesta y era obligatorio unirse a la celebración. Hoy no era día de pensar en la crisis ni en las abismales e injustas diferencias sociales, hoy sólo era el día de regocijarse por el enlace del futuro rey, que era retransmitido en directo por todas las cadenas de televisión del mundo.
Pero mañana será otro día.

¡¡CIELOS!!

Llega un momento en que solemos ir andando mirando al suelo. Es, más que nada, para evitar los tropezones, sobre todo cuando caminas por las calles de Chinchón, que a una cierta edad, pueden ser peligrosos. (He recibido con interés el anuncio de la próxima, y deseamos que rápida, reparación de algunas de nuestras calles)
Y a lo que iba, si andamos mirando el suelo, podemos encontrarnos algunas monedas, alguna medalla que se le ha perdido a una niña, o un bolígrafo que generalmente ya no le queda tinta. En cambio nos perdemos el grandioso espectáculo que nos ofrece el cielo, sobre todo cuando las nubes forman figuras caprichosas y se tiñen de color en el amanecer o a la puesta del sol. Hay que recordar que siempre nos dijeron, cuando éramos pequeños, que había que tener altura de miras...
Os dejo una serie de fotografías tomadas en distintos lugares, pero que muestran la gran variedad que suelen tener los cielos, cuando se llenan de nubes.



Aunque sin nubes, también el cielo azul, tiene su belleza.

jueves, 28 de abril de 2011

EL MONASTERIO DE PEDRALBES. CONJUNTO MONUMENTAL.


El Monasterio de Pedralbes fue fundado por la Reina Elisanda de Moncada en el año 1327, con el apoyo de su esposo, el Rey Jaime II. Desde un principio el monasterio fue habitado por las hermanas clarisas, que han seguido en él hasta el día de hoy.

El edificio constituye uno de los mejores ejemplos del gótico catalán, tanto por la iglesia como por el claustro, el cual, con sus tres plantas, es uno de los más espaciosos y armónicos de este estilo. En la iglesia está el sepulcro de la Reina Elisenda, y se pueden destacar sus vidrieras y un precioso púlpito.


Dentro del monasterio se pueden visitar algunas de las dependencias antiguas de las monjas, como su cocina, refectorio, celdas, y su dormitorio, donde se ha instalado la exposición “Los tesoros del Monasterio” que es una muestra que presenta por primera vez una selección de las mejores obras de arte, mobiliario y objetos litúrgicos recogidos por la comunidad durante siete siglos.


Os dejo estas fotografías, que dan una idea muy aproximada de lo que es realmente una visita a este Monasterio de Pedralbes que está en el Barrio de Sarria de Barcelona, en la zona más elitista de la ciudad. 
Otro de los sitios aconsejables de Barcelona, que hay que visitar. 
Fotografías: m.carrasco.m

miércoles, 27 de abril de 2011

EL TALLER DE TEATRO DE PINTO GANADOR DEL CERTAMEN DE TEATRO "JOSE SACRISTAN" DE CHINCHON DEL AÑO 2011


Aunque con unos días de retraso debido a estas fiestas de Semana Santa, no quiero dejar pasar el dar a conocer el fallo del Jurado del  Certamen de Teatro aficionado "JOSÉ SACRISTAN" de Chinchón, que este año ha tenido un principal ganador: EL TALLER DE TEATRO DE PINTO, con su montaje de "La Puerta Estrecha" del autor Eusebio Calonge.
Estos han sido todos los galardonados:


PREMIO AL MEJOR GRUPO:
Taller de Teatro de Pinto con “La puerta Estrecha.
PREMIO ESPECIAL DEL PÚBLICO:
La Falsa Condesa del Grupo  La Linterna Mágica.
DIRECCION         :
José Luis Molinero Montalvo por “La Puerta Estrecha


ACTRIZ PRINCIPAL:
Asunción Mieres en el papel de Úrsula de la obra “La Falsa Condesa
ACTOR PRINCIPAL:
Luis Martinez en el papel de Trufaldino de la obra “Arlequín, servidor de dos patrones”.
ACTRIZ DE REPARTO:
Tina Rojas en el Papel de la Chancla de la obra “La Puerta Estrecha
ACTOR DE REPARTO:
Angel Sesma en el papel de Tommy de la obra “La estraña Pareja”

Nuestra enhorabuena a todos los galardonados y a los organizadores.

CHINCHÓN TAMBIÉN TIENE POESÍA. XXI



El día 5 de octubre de 1954 se celebró en Chinchón  el Día de la Provincia, una fiesta organizada por el Marqués de la Valdavia para exaltar los valores de los pueblos de la provincia de Madrid. Hubo diversas manifestaciones folclóricas, taurinas y deportivas y además un certamen poético, que fue ganado por Lope Mateo con esta poesía: 



Chinchón es una rosa terruñera
encendida en la piel de la besana,
casi manchega, toda carpetana
con cierzos de un abril sin primavera.

El sol contra sus piedras reverbera
dando chispas de amor cada mañana.
¡Oh, plaza de Chinchón. gaya ventana
de la ibérica sangre aventurera!

Corre por tus alegres galerías
el ímpetu del viente, erguido toro,
sobre el perfil de tu labriego ceño.

Y en la azul revolera de tus días
al cielo pone, entre cristiano y moro,
banderillas de sol para tu ensueño.

Ilustración: Desde mi balcón de Manolo Carrasco.

martes, 26 de abril de 2011

LA VERDADERA HISTORIA DE LA AVECINDAD DE COSECHEROS.

En el año 2004 El Colectivo Fuente Para de Chinchón, publicó el libro "La Mojona" La Sociedad de Cosecheros de Vino, Vinagre y Aguardiente de Chinchón. 1853 - 1938, escrito por Manuel Carrasco Moreno, con subvención de ARACOVE, que se distribuyó gratuitamente. En varias ocasiones he hablado de este libro en el blog, pero hoy quiero contaros la versión novleada de lo que fue el nacimiento de esta Sociedad, en el año 1853, y que inicialmente se llamó:




La Avecindad de Cosecheros.


Todas las miradas se volvieron hacia el recién llegado. Don Nicolás Segovia, el escribano de actuaciones del Juzgado estaba exultante. Cuando llegó al centro de la sala, procurando que todos le pudiesen oír, se dirigió al camarero que se afanaba en ordenar el ambigú.
- Dionisio, sirve una copita de aguardiente anisado, a todos los presentes, yo invito.
Después, despaciosamente, como gustaba de actuar siempre, se fue acercando a cada una de las mesas para entregar un cigarro de fina elaboración, recién llegados de la fábrica de la mismísima Sevilla, a todos y cada uno de los que allí se encontraban.
- D. Atenodoro.... D. Carlos... D. Juan... D. Telesforo... D. Bernardino....
- ¿Qué celebramos, don Nicolás?
- El nacimiento de mi primer hijo.
- ¡Pues, enhorabuena!
- Y ¿Cómo le vas a llamar?
- Enrique. Le vamos a bautizar con el nombre de Enrique.
- Brindamos, con éste, que es el mejor aguardiente del mundo, por que el niño sea digno descendiente de su padre, y alcance la fama y la posteridad.
- !!Por Enrique Segovia Rocaverti!!
El orgulloso padre tomó asiento en la mesa donde don Carlos Vicente Camacho, el señor alcalde, departía animadamente con el señor cura, el notario, y el señor juez, mientras terminaban la enésima partida de dominó.
En la mesa de al lado, contrariamente a lo que era costumbre, no se jugaba ninguna partida, y los tres contertulios denotaban preocupación en el semblante.
- Bernardino, tú, mejor que nadie, sabes que es necesario tomar una determinación.
- Por supuesto, pero no estoy dispuesto a tener que asumir personalmente todo el riesgo. El año 1847 pujé en la subasta y el servicio se remató a mi favor por la cantidad de 46.026 reales. Al final no salí mal parado y, al menos, cubrí gastos. Pero este año, el Ayuntamiento se ha pasado y no se puede hacer frente a los sesenta mil reales que es el importe mínimo de licitación. Y eso han debido pensar todos, porque la subasta ha quedado desierta por dos veces.
- ¿Y qué vamos a hacer, ahora, los cosecheros?
- La pregunta quedó en el aire y los tres hombre mirando la copita de aguardiente que les había invitado el escribiente del Juzgado, como buscando una respuesta que todos sabían difícil de encontrar. Don Juan de Mata, don Telesforo González y don Bernardino Aparicio sabían que ésta era la mayor preocupación de todos los cosecheros de vino de Chinchón.
El problema, realmente, era importante. Con la aplicación de las leyes desamortizadoras de Mendizábal, además de bienes y propiedades se habían quitado, también, muchos derechos a los nobles y a la Iglesia. Entre estos derechos estaban los derechos de Fiel Medidor, Pesos, Medidas y Correduría que, en Chinchón, había comprado nada menos que el conde don Luis Jerónimo por el precio de mil ducados, recayendo después aquellos en su hijo don Francisco Fausto.
Por disposición de éste, a su muerte en el año 1665, quedaron dichos oficios enajenados de la Corona, en poder del Cabildo de Capellanes de la capilla de la Piedad y comunidad de religiosas franciscanas de esta villa.
En varias ocasiones, el Concejo intentó adquirirlos, consiguiendo comprar en el precio de veintiséis mil reales el derecho del Peso Grande, por escritura ante el escribano Antonio Blanco de Salcedo, el 6 de abril de 1678; pero deseando disponer también de los otros, no perdonó medios para lograrlo, originándose por este motivo pleitos durante muchos años, con el Cabildo de Capellanes; hasta que por resolución Real, en 30 de diciembre de 1831, le fue concedido el arbitrio que tenía solicitado de “Sacar a buena luz, liar o enaldar y cargar las corambres de vino, vinagre, aguardiente y aceite”. Pagando los compradores por estos servicios ocho maravedíes por arroba. El Cabildo de Capellanes trató amistosamente con la villa, dándose cuenta, el 13 de junio de 1832, de haberse reunido los derechos de las dos corporaciones, partiendo por mitad las utilidades.
Así continuó subastándose durante varios años estos servicios, hasta la incautación por el Estado de los bienes eclesiásticos -Desamortización- . Dándose cuenta en sesión de 22 de marzo de 1843 de “haberse concedido a esta villa el arbitrio de medir los líquidos, para con su importe hacer un camino al puente nuevo de Arganda, cubiertos que sean los salarios de médico y cirujano”. Quedando por tanto dueño el Ayuntamiento de todos los derechos que dos siglos antes adquirió el cuarto conde.
- Si ya sabía yo que eso de quitar a la Iglesia los derechos de medida iba a ser, a la larga, un problema para todos nosotros.
- Bueno, gracias a que el arbitrio pasó al municipio, se ha podido terminar el camino a Madrid, por el nuevo puente que han hecho en Arganda.
- Sí eso fue hace diez años, y según tengo entendido se ha recibido notificación en el Ayuntamiento de que, como se han terminado de pagar todos los gastos, quedan suspendidos los arbitrios de mojona, degüello y derechos de pesos y medidas y romana, ya que se habían propuesto sólo y exclusivamente para hacer ese camino.
- Además, ya se sabe que todo lo que está en manos públicas termina funcionando mal.
- Pues tenemos que pensar algo y pronto, porque de otra forma no sé quien se va a encargar de medir el vino, cuando lleguen los arrieros.
- Podíamos preguntar al alcalde si han pensado algo en el Ayuntamiento.
Fue Juan Mata quien se acercó a la mesa de al lado y le pidió al alcalde que se hiciese el favor de unirse a ellos, porque tenían que hacerle una consulta.
- No, en la Corporación no hemos pensado nada concreto. Como sabéis se ha declarado desierta la subasta por segunda vez, y por lo que he podido deducir no hay mucho interés en que el ayuntamiento se haga cargo de dar este servicio.
- Pues ya nos dirás que podemos hacer nosotros.
- Tú, Bernardino ya tienes experiencia, podíamos negociar una rebaja en la cantidad de licitación y te adjudicamos a tí el servicio.



- No, Carlos, tengo muchas cosas en las que pensar y no quiero más complicaciones...
- Pues a mí no se me ocurre nada. Mandad un escrito al ayuntamiento solicitando una reunión de todos los cosecheros y a ver si, entre todos, encontramos una solución. Mañana mismo hay una reunión y, si tenemos vuestro escrito, me comprometo a darle curso inmediatamente.
Pidieron un servicio de escribir al camarero, y allí mismo, en el velador del casino, redactaron el escrito:
“En Chinchón, a diecinueve de marzo de 1853.
Sr. D. Carlos Vicente Camacho.
Alcalde constitucional del Excmo. Ayuntamiento de Chinchón.
Muy señor nuestro y estimado amigo:
Enterados de que no se ha presentado ninguna puja para la subasta del servicio de mojona para el presente año, y que en atención a que S.M. se ha servido declarar cesen los arbitrios del camino, ruegan a ese Ayuntamiento se sirva convocar una reunión general de los cosecheros para tratar del asunto del servicio de mojona.
Firmado: Bernadino Aparico, Juan de Mata y Telesforo González.”
Efectivamente, en la reunión del ayuntamiento del día siguiente se acordó convocar a todos los cosecheros de vino, vinagre y aguardiente, a una reunión para el día 28 de este mismo mes.
La actividad entre todos los cosecheros fue frenética durante aquella semana. Los tres firmantes de la solicitud no pararon de mantener contactos con todos los principales terratenientes de la localidad. Los Carretero, los Ortiz de Zárate, los del Nero, los Camacho, los Recas, los Peña, los Galán, etc. etc., fueron visitados y oídas sus opiniones. También se pusieron en contacto con el señor marqués de la Corona y el representante del Cabildo de Capellanes que eran importantes cosecheros de vino.
El casino fue, durante estos días, el centro de operaciones. Se dejaron las partidas de dominó, ante la contrariedad del boticario que tuvo que contentarse con hacer aburridos solictarios con la baraja, y se formaron animadas tertulias en las que cada uno exponía su opinión.
- ¡No entiendo a qué viene tanta preocupación! Comentaba en voz baja el boticario, cuando por enésima vez le había fallado el solitario.
Y la preocupación estaba plenamente justificada. Durante los últimos años se había propiciado una política de plantación de vides en la localidad, y la producción había crecido espectacularmente. Tanto, que se había convertido en la principal riqueza del pueblo. La creciente demanda de vino en la cada vez más industrializada capital hacía que la actividad de venta al por mayor de vino, vinagre y aguardiente creciese de día en día.
La venta al por mayor requería la medida previa del vino, pero tambien su embasado, traslado desde las profundas cuevas y carga de embases y corambres en los carros y caballerías que lo tenían que trasladar a su destino. Este servicio, imprescindible para la venta, era el que había salido a subasta, y a la que nadie había pujado, por lo que había quedado desierta.
- Pues a mí se me ocurre que si nadie lo quiere hacer, no tenemos más remedio que hacerlo nosotros mismos...
- ¡No te veo yo a tí cargando con los pellejos desde la cueva..!
Todos rieron la chanza.
- No os riáis; don Tomás tiene razón. Nosotros podemos encargarnos de organizar este servicio. A nosotros, más que a nadie, nos interesa.
- Podríamos hacer una sociedad, como la que existió hace unos años... se llamaba... Sociedad Económica de Amigos del País...
- Sí, yo recuerdo haber oído hablar a mi abuelo de ella...
- Pero aquello fracasó... Tenían muy buenas intenciones, pero al final no pudieron hacer casi nada...
- Esto sería distinto. Podíamos copiar la idea, pero hacer un proyecto más realista, más práctico...
- De alguna forma ya existen las normas que regulan su funcionamiento, y con una buena administración, hasta podría ser muy rentable...
Los allí reunidos siguieron aportando sugerencias. Habría que conseguir que el Ayuntamiento les cediese los derechos de medida; a cambio ellos pagarían un canon anual y se encargarían de la reparación de calles, caminos y puentes de la localidad. Con ello facilitarían, también, el acarrero de sus productos. Esta sociedad serviría además para lograr la unión de todos los cosecheros, y así poder defender mejor sus intereses...
- Yo pienso que se debería llamar “Avecindad de Cosecheros de Vino, Vinagre y Aguardiente de Chinchón”.
Cuando terminó la reunión, todos estaban exultantes. Eran conscientes de haber asistido al nacimiento de una organización que tendría una larga y provechosa vida. Una sociedad que haría obras de gran importancia para el futuro del pueblo. Una sociedad cuya influencia sobrepasaría a su propia existencia y cuya memoria perduraría en la historia.
Unos días después, el 7 de abril de 1853 se constituía la Avecindad de Cosecheros que en el año 1896 se constituyó legalmente como “Sociedad de Cosecheros de vino, vinagre y aguardiente de Chinchón, y que fue conocida popularmente como “La Mojona”.
Gracias a esta decisión, cambió la fisonomía de Chinchón; se construyeron caminos y puentes, se canalizaron fuentes y manantiales, se urbanizaron las calles, colaboraron en la llegada del tren hasta el pueblo, edificaron un teatro y estuvieron presentes para paliar necesidades que surgían por guerras y epidemias.
Tenían motivos para sentirse satisfechos de haber participado en el nacimiento de esta organización.
Después se fueron formando corrillos, en los que las conversaciones de los allí reunidos se hicieron diversas.
- ¿Qué piensas de la situación política?
- Se habla de nuevos pronunciamientos. No, las cosas no van bien.
- Me han dicho que han recibido noticias del hijo del tío Juan Hortelano; sí, de mi amigo Benito.
- Creo que está en Buenos Aires, ¿no?
- Sí. Ahora, parece, que allí ha sentado, por fín, la cabeza. Ha conseguido llevarse a su mujer y a sus hijos y está muy bien considerado. Tiene en proyecto crear un diario que piensa llamar “La España”, y, según me han dicho, ha empezado a redactar sus memorias, que sin duda serán interesantes, si cuenta todas las aventuras que ha vivido...
- Y, ¿cómo te ha ido, este año, la cosecha de aceite...?
- El año que viene hay cambio de alcalde...
- ¿Te has enterado que la Juanita, la del tío José, habla con el hijo del guardicionero?

Nota: La primera ilustración corresponde a una vista de Chinchón en el año 1917 que aparece en la orla del pergamino en el que se nombra Hijo adoptivo de Chinchón a don Joaquín Ruiz Jiménez, entonces Ministro de la Gobernación.
Nota 2. Esta es una de las historias que se recogen en mi libro inédito "Chinchón Mágico. Historias y Leyendas"

lunes, 25 de abril de 2011

RESTAURANTES DE CHINCHON: 11. MESÓN DEL DUENDE.


Este Restaurante está montado como un Mesón tradicional en la Calle Grande número 36, a unos doscientos metros de la plaza de Chinchón. Tiene una antigüedad de 25 años y lleva este nombre por ser el apodo de los antiguos propietarios de la casa. Es un gran caserón de labranza, con sus cuevas, su molino y su bodega, en el que se han conservado las tinajas como decoración de los comedores. En esta casa, allá por los años 5o del siglo pasado, hubo un colegio de párbulos que regentaba una maestra que se llamaba Doña Matilde.
Luis Ortego dirige el Mesón y ofrece los productos típicos castellanos, como platos de cuchara y  sus carnes a la parrilla y al horno de leña. Se ha especializado en raciones variadas, que es otra forma de comer en Chinchón.


Estas son algunas de las vistas de sus comedores.






Una alternativa distinta para comer en Chinchón

ESTAS SON LAS ÚLTIMAS ENTRADAS

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MIS EDICIONES MUSICALES

MIS EDICIONES MUSICALES
SENTIRES. Canta Mª Antonia Moya. Edición remasterizada. 2012. Incluye las canciones siguientes:

AVE MARIA

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De Schubert. Canta María Antonia Moya, acompañada por el Maestro Alcérreca. 2011. Para escucharlo, pinchar en la image.

LA TARARA

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Canta Maria Antonia Moya. Si quieres escuchar la canción, pincha en la imagen

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LOS PELEGRINITOS
La canción de Lorca, cantada por María Antonia Moya, con imágenes de Lucena (Córdoba) Para escuchar la canción pincha en la imagen.

EN EL CAFÉ DE CHINITAS

EN EL CAFÉ DE CHINITAS
La copla de Lorca, cantada por María Antonia Moya, acompañada a la guitarra por Fernando Miguelañez. 1986. Para escuchar la canción, pinchar en la imagen

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE
Maria Antonia Moya canta el Romance Sonámbulo de Federico García Lorca. Puedes escucharlo pinchando la imagen.

LOS CUATRO MULEROS.

LOS CUATRO MULEROS.
Canta: María Antonia Moya. 1986.Para escucharlo,pinchar en la imagen.

PERFIDIA

PERFIDIA
Canta Maria Antonia Moya, acompañada a la guitarra por Fernando Miguelañez. Año 1986. Para escuchar la canción, pincha en la imagen.

PASODOBLE DE CHINCHÓN

PASODOBLE DE CHINCHÓN
Letra: L.Lezama - Música: Palazón. Canta: María Antonia Moya. 1987Puedes escucharlo pinchando en la imagen

MIS LIBROS DE FICCIÓN. EL AMARGO SABOR DE LAS ROSAS.

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"El amargo sabor de las rosas" Novela. Marzo de 2017

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"La boda" 1996 -2001. Inédito.Para leer el cuento, pincha en la imagen

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CHINCHÓN MÁGICO
"Chinchón Mágico" 2002. Inédito. Para leer el libro, pincha en la imagen.

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"Andanzas y sentires" 2003. Inédito. Para leer el libro, pinchar en la imagen,

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Cuentos de Otoño. 2006. Si quieres leer los cuentos, pulsa en la imagen.

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Los Velos de la Memoria II. El Amo. Edición digital. 2012.

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