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martes, 2 de octubre de 2018

CARTA A MI NIETA QUE ESTÁ A PUNTO DE NACER.




Mi ya queridísima Olivia:

Quiero, en primer lugar, darte la bienvenida a este diminuto planeta, perdido en el centro de una galaxia y rodeado de estrellas al que llaman Tierra; también hay quienes le dicen “Valle de lágrimas”, y otros, “Jardín de las delicias”; aunque yo creo que unos y otros exageran un poco; si bien hay que reconocer que en los últimos tiempos, este mundo al que tu llegas anda algo revuelto, con tanto lío que se traen los político y por las desigualdades que hay entre sus habitantes, dependiendo si han nacido en el norte o en el sur, si el color de su piel es blanco, cobrizo, negro o amarillo o si son hombres o mujeres. Pero no te preocupes, te lo digo por experiencia, los problemas se irán arreglando poco a poco y seguro que tu mundo, aunque seas mujer, será mucho mejor que el que nos tocó vivir a los de mi generación.

Cuando tú cumplas los 18 yo ya habré pasado de los 90; si es que llego, porque cuando yo nací la esperanza de vida estaba sobre los 50, y ya he sobrepasado largamente mis expectativas. Tú, en cambio, dicen las previsiones que puedes vivir más de 90 años y con un poco de suerte podrías llegar a ser centenaria; aunque, sinceramente, no sé muy bien si eso es una suerte o una maldición.

Como te iba diciendo, la vida ha cambiado mucho desde que yo nací. Entonces no se habían inventado aún muchas de las cosas que ahora son imprescindibles: el microondas, el transistor, la televisión en color, la vacuna contra la poliomielitis; ni siquiera la humilde fregona, que inventó un español, que se llamaba Manuel Jalón, allá por el año 1970. Y mucho menos el microprocesador, la calculadora electrónica de bolsillo, ni el disco compacto o CD, como es más conocido; aunque alguna de estas cosas a ti te puedan parecer antiguallas, porque ya habrán sido sustituidas por nuevos inventos. ¡Ah, y cuando yo nací todavía no existía internet!

De verdad, no existía. Ni los móviles, ni las tabletas, ni los ordenadores portátiles. Entonces, cuando pequeños, nosotros nos entreteníamos de otra forma. Jugábamos a la pídola, al “rescatao”, a las canicas, a la comba y al fútbol; pero no en la Play, sino en las eras con una pelota de goma y con zapatillas de lona, no con esas botas ergonómicas tan carísimas y tan bonitas que verás en la tele. No te voy a contar como eran esos juegos porque tú lo puedes ver en tu móvil, porque lo primero que te van a enseñar es a buscar en internet todo lo que quieras saber. 

En el colegio, nosotros teníamos libros para estudiar. Si, libros, eso que todavía verás en las estanterías de algunos salones y que decoran tanto. Tú, Olivia, con tu ordenador personal, tendrás a tu disposición todos los conocimientos a los que quieras acceder, y con el mínimo esfuerzo, porque esos aparatos son ya tan inteligentes que con solo decirles lo que quieres, aparece en la pantalla como por arte de magia.

En mis tiempos se podía estudiar humanidades y ciencias; yo incluso llegué a estudiar latín, que como podrás ver en internet, era la lengua que hablaban los romanos antes, incluso, del siglo primero de nuestra Era. Tú estudiarás cómo usar los medios informáticos, ingeniería robótica y otras disciplinas que ahora ni se nos ocurre pensar, y seguro que estudiarás idiomas mucho más actuales, como el inglés, el francés, el ruso y, por supuesto el chino, que por lo que ya se ve es un idioma con mucho futuro.

Yo nací en Chinchón, ese pueblo tan bonito al que te llevarán tus papás algunos fines de semana para que te veamos los abuelos. Como podrás comprobar aquí se vive muy bien, aunque entonces era bastante más tranquilo y los burros no se empleaban para dar paseos a los niños por la plaza, sino que era uno de los medios transporte para ir a trabajar al campo.

Olivia, no sé si me dará tiempo a contarte todas estas cosas en persona; aunque no creo, porque uno ya no está con la cabeza en su sitio y yo sé que los jóvenes no aguantan las batallitas de los abuelos. Por eso he querido escribirte esta carta, y además te dejo algunas cosillas que fui escribiendo desde que me jubilé, para que puedas conocer algo mejor a tu abuelo, del que seguro que te hablará tu madre con mucho cariño. 

Por cierto, los libros que escribí están todos digitalizados y te los he dejado en el disco duro de mi ordenador, para que te sea más fácil encontrarlos.

Uhh
Yo ahora tendría que darte muchos consejos, porque los viejos somos muy dados a dar consejos aunque no se nos pidan, pero no creo que sea necesario, porque para eso están tus padres. Solo decirte que las dos cosas más importante en la vida son: que seas una persona buena y que seas feliz, y eso es lo que yo deseo para ti, Olivia.

Un beso muy grande, con todo el cariño de 

El abuelo Manolo.

(Carta finalista en el concurso literario “Enrique Segovia Rocaberti” 2018.Y fue escrita a mediados de abril de este año; ella nacería a primeros de mayo).

sábado, 29 de septiembre de 2018

ENTREGA DE PREMIOS LITERARIOS “ENRIQUE SEGOVIA ROCABERTI”


El VI Certamen Literario Enrique Segovia Rocaberti se convocó en febrero de 2018, con plazo de presentación de trabajos hasta finales de abril de 2018. En esta ocasión el género elegido ha sido la carta. Aunque no es un género cultivado por Enrique Segovia Rocaberti, la Asociacion de Amigos consideró que podía ser interesante como forma literaria que propiciara textos de carácter pedagógico en línea con las composiciones de E.S. Rocaberti. Finalmente se presentaron cien cartas, por setenta y ocho participantes: cincuenta y seis de España, seis de cuba, cuatro de venezuela, tres de México, tres de Argentina, tres de Colombia, uno de Bolivia y uno de Ecuador. La participación ha sido menor que en otras convocatorias, pero la calidad de los trabajos ha sido muy alta. El jurado estuvo compuesto por personas de reconocido prestigio cultural de Chinchón y alrededores: Sofía Gigorro, Luis Vicente Pérez Talavera, Pilar Ramírez Anisi, Menchu Catalán, Eloína Sánchez y Nati Turiégano. Gracias a todos los participantes y gracias al jurado por su colaboración.


La ganadora ha sido:
ANA BELÉN HIGUERAS DE LA CALLE
Ana Belén Higueras de la Calle nació en Madrid el 15 de diciembre de 1969. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en violencia de género y defensora de los derechos de las mujeres. Su experiencia profesional se enmarca en el ámbito social.
Ha sido Directora de Servicios Sociales de la Mancomunidad MISECAM (sudeste de Madrid). Actualmente es asesora jurídica en el Ayuntamiento de Pinto, en las áreas de Derechos Sociales y Violencia de Género.
Escribe desde la infancia. En su juventud recibió varios premios literarios de cuentos por parte del Ministerio del Interior y la Universidad Complutense de Madrid, y de poesía, por parte del Ayuntamiento de Madrid. Ha sido alumna del taller de literatura de la Biblioteca de Chinchón impartido por Milagros García Guerrero. Su creación literaria actual se centra en la novela juvenil.

CARTA A LA MADRE DE MI HIJA 
Seudónimo: Luna de abril.

Lunes, 15 de abril de 2011
Estimada señora:
Le dirijo esta carta con las manos temblorosas, por lo que, si la misma le resultara ilegible, le pido disculpas. El motivo es solo achacable a mi falta de entereza al enfrentarme a la verdad. Tantas veces he temido que fuera usted la que me dirigiera esta misiva, que desde hace treinta y dos años siento pavor a abrir la correspondencia, y jamás pensé que sería yo misma la que fuera a enviársela.
Me presento: soy María Gómez de las Casas Pavón, madre de su hija, para servirla.
Soy la madre de su hija porque así consta en la partida de nacimiento y porque así lo siento, aun sabiendo que no la parí ni la albergué en mi vientre, ahora maltrecho por la quimioterapia y por los golpes de la vida. Aunque me quede poca y se me vaya a borbotones, me armo de valor para hacerle llegar estas palabras, porque anoche descubrí en sus ojos, señora, aunque fuera a través de la pantalla de televisión, los ojos de mi hija. Esos ojos vacíos de lo que no vieron, pero llenos de la energía que a mí me falta. Y no me falta por la muerte, que ya me llega, sino por la fuerza que nunca tuve y solo ella me dio. La fuerza que, ahora sé, venía de usted, señora mía. La que traía en la mirada el primer día; era tan pequeña..., con su cordón umbilical aún reciente...; la fuerza con la que buscaba mi pecho yermo y amoratado.
Su hija, señora, mi hija, fue el mejor regalo que mi marido pudo comprar para conseguir mi perdón. Él sabía que ya no me valían las rosas. Aquel día yo tenía las maletas hechas, el cuerpo roto, un billete de tren en mi bolso y el alma desangrando. Volvió antes de lo esperado. Yo no quería escucharle, y de rodillas me la ofreció; entonces sus ojitos de recién nacida se cruzaron con los míos y sentí que se curaban todas mis heridas.
Me entregó una niña sana y llena de verdad, y no hice preguntas, mientras que, a usted, mi señora, le entregaban un certificado falso de un legajo de abortos, la gemela más débil, y mil preguntas sin respuesta. Las que yo ahora le contesto en esta carta, porque no confío en que este cáncer me dé tregua para dárselas como debiera: mirándola a los ojos.
Cuando la vi en ese programa, señora, me di cuenta de lo que no pude darle. Aunque todo lo tuvo –la hija de la familia más rica de León–, todo le faltó, todo salvo mi amor.
Señora Carmen, le devuelvo a su hija, una niña sana y fuerte. Usted misma lo dijo:
«Escuché llorar a las dos y se llevaron a la más sana». Tiene todas las vacunas puestas y todas las revisiones hechas. Una niña que jamás enfermó, su única enfermedad era protegerme. Si en la noche escuchaba los golpes, ella, a la mañana, fingía estar malita. No le ponía el termómetro, sino mis labios en su frente y confirmaba en voz alta «Pues esta niña tiene décimas, hoy no se mueve de la cama». Y simulaba que la cuidaba para que me cuidara ella a mí. La llevaba un caldito y cuando él se iba a la notaría, se levantaba y me ayudaba a hacer la comida. Luego jugábamos a las tenderas, hacíamos un bizcocho de yogurt de limón y a la hora de la siesta cantábamos canciones bajito y me hacía cosquillas en mi cuerpo dolorido. Era el único momento en que reíamos a carcajadas. Después, salíamos al patio a jugar a la rayuela hasta que llegaba él y el silencio, siempre mejor que los gritos y mejor que el miedo que yo le tenía, pero ella no.
No se preocupe, señora, porque a ella jamás le puso la mano encima. Cuando mocita, alguna vez le rozó de refilón por ponerse en medio, pero yo sacaba la fuerza que no tenía y me enfrentaba al monstruo. Entonces él se marchaba dando portazo.
Alba vino al mundo con capacidad para ser feliz, para sobrevivir a cualquier embate de la vida, para disfrutar de lo pequeño, para percibir el dolor y transformarlo en aprendizaje, para captar la belleza de las cosas y exprimirla. Creo que por eso estudió Bellas Artes y Psicología. Su hija fue una alumna brillante, es una persona brillante. Se dará cuenta en cuanto la vea.

Jueves, 25 de abril de 2011
Nada deseaba tanto como volver a casa para a acabar de escribirle. Ahora es mi única misión, lo más importante y la única valentía que voy a tener en toda mivida.
He estado ingresada unos días. En la semisedación escuché a la doctora decirle a Alba que debía despedirse de mí porque me quedaban pocas horas. No fue así. Decidí vivir lo suficiente para terminar esta carta. Nunca tuve tanta energía como hoy, porque ahora sé lo que va a ocurrir. Qué mejor para una madre que se va para siempre que dejar a su hija en los brazos de su madre. Ahora no tengo miedo.
Después de escuchar como un eco lejano las palabras de la doctora, entré en sedación profunda. En ese momento no vi la luz al final del túnel, ni se sucedieron imágenes de mi vida, ni salí de mi cuerpo, ni me vi a mí misma tendida en la cama del hospital, no. En realidad, no sé explicar lo que ocurrió, quizá otra dimensión, una premonición, un sueño, un viaje al futuro. Como si fuera una película...:
Vi a Alba nítidamente. Estaba en casa, metiendo su vida en cajas para poder morir un poco, haciendo espacio para renacer. Colocaba todos los tiestos que había en el patio en una furgoneta de alquiler, nada de vida que le perteneciera quería dejar allí; demasiada vida le habíamos robado ya. Embalaba sus cuadros y esculturas con sumo cuidado, sus libros de la universidad, sus cuentos infantiles... Entonces, hizo lo que yo esperaba: hojear el primer tomo de la colección de Antoñita la fantástica, la primera novela que le regalé. Quiso releer la dedicatoria y allí encontró esta carta, dentro de un sobre con dirección, pero sin franquear. Su carta, señora, la que nunca le mandé porque preferí que, en vez de un cartero, se la entregara su propia hija en mano. En ese momento Alba entendió todo, nunca se sintió de los suyos, porque no era de los suyos. Su madre, yo, acaba de morir hacía tres días y ya no era su madre.
Era un domingo de primavera. Partió antes de que saliera el sol, sin despedirse. Arrancó la furgoneta y él la llamó desde la puerta. Ella bajó la ventanilla.
– ¡Y tú! ¿Dónde te crees que vas? –le dijo. Lo miró fríamente.
–A mi casa, con mi familia –Y dejó tras de sí a un notario de León que, aunque era festivo, daba fe de una vida fracasada: la suya.
Llenó el depósito y, sin parar, cruzó Castilla, Madrid y los campos de la Mancha, y cuando pasó Despeñaperros, canturreó una coplilla inventada por nosotras cuando nos abrazábamos. Yo le decía «No sé por qué estás siempre tan caliente y yo tan fría» y ella respondía con guasa «Será porque llevo dentro el calor de Andalucía». Lo decía sin saber que lo llevaba.
Llegó a las dos y media. Era un pueblo todo blanco, pero tan colorido. Aparcó delante de una casita baja. La pequeña entrada y la fachada estaban llenas de macetas con flores. Olía a azahar y a sofrito de paella.
Respiró hondo, llamó al timbre y esperó. La puerta se abrió. Al otro lado del umbral se encontró a sí misma. Se miraron solo a los ojos, era lo único en lo que se diferenciaban, unos brillantes y llenos, otros opacos, vacíos de lo que le quité. Se apretaron las dos manos, sin dejar de mirarse. Lloraron. Y su hermana, sollozando gritó: «Mamá, echa otra medida de arroz, que mi hermana ha venido a....». Miró la furgoneta de alquiler, y añadió «...ha venido a quedarse». Y se abrazaron.
Entonces usted salió con el mandil encima de su ropa de domingo y la espumadera en la mano, y las encontró tan cerca como solo lo habían estado en su vientre. Sin perder su sonrisa, balbuceó: «Ha llegao a mi casa la mitad de mi alma». Las abrazó a las dos, y entonces, por primera vez en su vida, Alba sintió su calor, y supo que ahí estaba la fuente de la que manaba su energía. Y vi cómo se curaban sus heridas. Después, su marido abrió la cancela. Al verlas, se le cayeron los tomates que traía del invernadero para el gazpacho. Miré la cara de ese hombre y supe que mi hija ya no tendría que proteger a nadie y que allí siempre estaría protegida. En su casa, mi señora, supe que solo sería una hija.
Para sorpresa de los presentes, que ya casi me velaban, desperté del coma sonriendo y con los ojos llenos de lágrimas Miré a Alba, la acaricié y le pedí que me llevara a casa. En contra de la opinión médica, me di el alta voluntaria. Sabía que tendría el tiempo justo para terminar lo que empecé.
Ahora que las fuerzas me han permitido contarle su historia, ahora, señora, deseo que llegue el ocaso; sí, quiero morir, para que venga el alba a sus días. Les pido perdón a usted y a su familia, y a mi hija por no hacer preguntas y no buscar respuestas.
Se apaga mi luz. Se enciende, señora, la suya. 
María Gómez de las Casas Pavón
Por Ana Belén Higueras de la Calle (Aranjuez, Madrid, España)

miércoles, 19 de septiembre de 2018

miércoles, 11 de abril de 2018

MARI ROPERO PRESENTA “SIGO TUS HUELLAS”, SU TERCERA NOVELA.





Como preámbulo a la celebración del “Día del libro” en Chinchón que se celebrará en las próximas semanas, el sábado, día 14 de abril, a las 17 horas, en la Biblioteca “Petra Ramírez” de Chinchón, nuestra paisana Mari Ropero, que actualmente vive en Arganda del Rey, va a presentar su tercera novela titulada “SIGO TUS HUELLAS”, dentro del Libroforum que se celebra ese día.


Anteriormente ya publicó otras dos novelas, “ELLAS”, que ya va por la segunda edición, y “CARTAS A LUCIA”, que las podéis encontrar en Amazon.
Mari Ropero ha profundizado en la problemática femenina y ha abordado en sus tres novelas distintas situaciones de la vida de las mujeres en la Sociedad actual.


Nuestra felicitación y apoyo para que continúe con esta bella y difícil tarea de escritora.







lunes, 2 de octubre de 2017

ENTREGA DE PREMIOS

ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS DEL CONCURSO LITERARIO EN SU MODALIDAD DE FÁBULAS  "ENRIQUE SEGOVIA ROCABERTI" CONVOCADO POR LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA BIBLIOTECA Y EL ARCHIVO HISTÓRICO DE CHINCHÓN.

El pasado sábado, 30 de septiembre a las 18:00 H. en la Biblioteca de Chinchón. tuvo lugar la entrega de premios del concurso, con la presencia de José Luis Armendáriz, sobrino bisnieto del titular del premio.



FÁBULA PREMIADA: 

LA CEBRA Y LA GACELA . original del autor cubano Reinier del Pino Cejas que envió un audio de presentación y con la edición radiofónica de la fábula, que dice así:

"Hace mucho tiempo la  gacela y la cebra pastaban tranquilas en una  extensa pradera.
- No sé cómo soportas, amiga cebra, ese traje a rayas tan ordinario. – Dijo la gacela mientras masticaba un manojo de   brotes nuevos. – Es una burla a la moda.
- A mí me parece muy bien, hermana gacela.- Contestó la rayada. – No me imaginaría vestida de otra forma.
- No por gusto ustedes son parientes de los caballos y los burros.- Volvió a burlarse. – Nosotras las gacelas, en cambio pertenecemos a un fino linaje de venados y antílopes.
Así continuaron su cena. Un rato después se escuchó a lo lejos la algarabía de pájaros que revolotearon entre la maleza. Se trataba de un enorme león que acechaba en espera del momento oportuno para saltar sobre ellas. Descubierto por las aves, el fiero monarca de la pradera salió de su escondite y se abalanzó sobre la cebra y la gacela que huían muertas de medio.
La cebra, que era muy astuta y no podía correr a la velocidad de su compañera, le gritó mientras escapaba.
- ¡Corre, amiga! ¡Corre y sálvate! Ese enorme gato vienepor mí. Cualquiera sabe que el sabor de las cebras es mucho más delicioso que el de las gacelas. 
-¿Pero qué dices?- Protestó la gacela. – Estoy segura de que mi carne es de las mejores que se encuentran en la pradera.
Y diciendo esto detuvo la carrera y se quedó frente al león que se acercaba desconcertado.
- Diga usted, señor León.- Preguntó  en tono  serio.- ¿Es cierto que las cebras tan comunes y vulgares son más apetitosas que nosotras las refinadas gacelas? 
El  soberano  de los animales sonrió con todos los dientes de su enorme boca y contestó.
- No sé si las cebras son más  apetitosas. Pero seguro que son más astutas.
Y sin decir otra palabra se merendó a la gacela que por presuntuosa había perdido  la oportunidad de escapar.
Los atributos físicos y el linaje no definen a un individuo. Son la inteligencia y el conocimiento los atributos donde radica el verdadero valor.



FABULA FINALISTA:

LA ENCICLOPEDIA Y SUS VECINOS DE LA BIBLIOTECA original de Julia Sala Costa (Valencia, España) que estuvo presente en la entrega de premios, y leyó su fábula.
"Muy compuesta y protegida en su estantería de caoba mirando estaba, con desdén,  la enciclopedia a los demás libros de la biblioteca.
- Qué  difícil es convivir  con quienes tan pocos conocimientos acumulan - dijo un tomo al otro.
Habiendo escuchado el comentario un  ejemplar de  novela recién  llegada en la última remesa le dijo exultante:
- No te creas tan importante, enciclopedia. Aunque quinta edición, yo soy joven. A todos gusto y guardan turno  para tenerme a su lado.
-Tus saberes no son sino invención del autor - Contesto el Tomo IV.
De la mesa donde había quedado el diario del sábado se oyó una voz carrasposa que manifestó:
- Yo llevo la actualidad a quien quiera leerme.
- Tus noticias se evaporan al instante. Tan pronto se leen han pasado pues llegan otras más recientes que te hacen caer en el olvido - Repuso el tomo II.
Desde el último estante donde casi vegetaban los libros de filosofía alguien con mucha autoridad replicó fuertemente:
¿Quién te has creído que eres enciclopedia? Mejor dicho, Tomo de enciclopedia que no eres nada sin todos tus hermanos que te acompañan. Yo soy el saber profundo, el pensamiento.  Soyla esencia.
- Oh Filosofía! No eres más que una opinión como cualquier otra. Un siglo contradice al otro. Cada uno que piense lo que quiera. Mis conocimientos son exactos, contrastados y simplifican la vida a quien me escucha.
 Todos miraron a la poesía, que apoyada en el primer balde de la estantería callaba discreta.
-¿Y tú qué opinas poesía? ¿Es la enciclopedia más importante que todos nosotros? -  Preguntaron la novela, el  periódico y la filosofía.
- Eres orgullosa,  enciclopedia. Todos somos  importantes. A todos se nos necesita - Contestó la poesía.
¿Pero tú? Tú eres la mínima expresión. Tus letras apenas ocupan páginas. Te haces entender a duras penas. No eres digna de acompañarnos en esta estancia - Se burló riendo  el Tomo V.
- Cierto que yo soy discreta y silenciosa pero puedo asegurar que quien mi compañía busca aprenderá a escuchar el murmullo del arroyo, a oler las flores en primavera, volará empujada por la suave brisa y sabrá que el amor ha llegado a su vida.
Entendieron los doce tomos de la enciclopedia que la poesía tenía razón y que sus definiciones no eran suficientes  para llenar los sentidos de quienes les pedían ayuda. Por ello dieron un paso atrás y dejaron que el fin de semana sus vecinos fueran los protagonistas.
Moraleja: Quien presume de su gran saber, debe a los demás valorar y comprender.

A todos los asistentes se les repartió un pequeño librito con una recopilación de algunas de las fábulas presentadas por escritores de muy diversos países.

Próximamente se comunicará la próxima convocatoria de este concurso, que ya ha alcanzado una amplia difusión tanto nacional como internacional
. 

martes, 7 de marzo de 2017

ALGO MÁS SOBRE LA NOVELA "EL AMARGO SABOR DE LAS ROSAS"


"El amargo sabor de las rosas" es una novela histórica, en la que vamos a vivir los últimos años del reinado de Alfonso XIII, la República, la Guerra Civil y la Posguerra, desde el enfrentamiento de dos mujeres, Consuelo, la criada violentada por el Amo y doña Margara, la señora del Solar, que tratará de imponer su voluntad a todos los que la rodean; unidas por un hombre, don Nicomedes, enfermo de maldad y de egoísmo.
Pero “El amargo sabor de las rosas” no es una novela de amor, aunque hay algunas personas que aman... a su manera.
No es una novela de intriga, pero hay algunos misterios que te van a sorprender.
No es una novela policiaca, pero hay crímenes que investigar.
No es una novela política, pero la política es protagonista.
En “El amargo sabor de las rosas”, se mezclan muchas pasiones: la lujuria, la soberbia, la venganza...
“El amargo sabor de las rosas”, en fin, es la historia de un tiempo y de un lugar.
Un tiempo que se nos antoja ya lejano, pero que aún está en nuestra memoria colectiva, en el que las bajas pasiones y las ambiciones personales aparecían como ideales patrióticos o convicciones religiosas con las que se intentaban justificar los hechos más reprobables.
Y un lugar: Recondo, un pueblo fácilmente reconocible, que bien podría ser cualquier lugar de aquella deprimida España.
“El amargo sabor de las rosas” es una novela coral en la que los personajes son personas – ni buenas ni malas - con sus vicios y sus virtudes, con sus miedos y con sus ambiciones, que luchan por sobrevivir en tiempos difíciles y crueles, donde se van fraguando venganzas y donde la amargura se irá adueñando de parte de sus vidas y donde, al final, el destino se encargará de ir poniendo a cada cual en su sitio.
Unos personajes que nos van a acompañar por acontecimientos importantes de la intrahistoria de la novela: desde la inauguración de la Gran Vía de Madrid, a la celebración de la noche de San Juan en Denia, hasta la entrada de las tropas nacionales en Recondo.
“El amargo sabor de las rosas” te podrá emocionar, te podrá sorprender y te podrá entretener pero, también, te va a descubrir una visión diferente de una época de que se ha escrito mucho, pero de la que aún hay mucho que conocer.


jueves, 23 de febrero de 2017

"EL AMARGO SABOR DE LAS ROSAS"


En el año 2010, con motivo de mi 65 aniversario publiqué una pequeña novela que titulé "Los Velos de la memoria- Historia del Solar" con una edición de solo 100 ejemplares para regalársela a mis amigos.Después, también la publiqué por capítulos en este mismo blog.
En esta novela, la protagonista era doña Margara que eclipsaba al resto de los personajes.
Algunos de mis lectores me dijeron entonces que la historia que narraba daba para mucho más y me animaron a escribir una segunda parte.


Así nació "Los velos de la memoria II - El Amo", que ya no fue editada, sino solamente publicada digitalmente en este blog.
En esta segunda entrega se convertía en protagonista Consuelo, la querida de don Nicomedes, que era el contrapunto a la protagonista de la novela anterior.
Pero quedaban, todavía algunos personajes que no habían sido suficientemente desarrollados, y así continuó la trilogía,


Eran "Los velos de la memoria III - La heredera", donde se iban concretando los distintos aspectos que no había quedado suficientemente desarrollados en las dos entregas anteriores. Esta tercera parte no fue publicada.
La realidad es que era difícil seguir la trama argumental de la trilogía, y no quedaba muy claro el orden en que debían ser leídas las tres novelas. 
En la primera se planteaba la trama principal, en la segunda se ofrecía temporalmente los años anteriores, y en la tercera, la resolución final del argumento.
Esto me llevó a la conclusión de que posiblemente fuese más adecuado hacer una fusión de las tres novelas en una.sola.
Y me decidí a presentarla a un concurso de novela histórica que entonces había convocado una Editorial, con el título de "El amargo sabor de las rosas".
Como era de esperar, ya se sabe lo que decimos los que no ganamos en estos concursos, la novela no fue premiada, pero...
Unos meses después, la Editorial convocante, se puso en contacto conmigo para ofrecerme la posibilidad de publicar la novela. Las condiciones que me ofrecían no eras satisfactorias, por lo que rehusé su ofrecimiento.
Sin embargo, este año, recibí una oferta de edición bajo una nueva linea editorial, Difundia Ediciones, que sí se adecuaba a las condiciones idóneas para su publicación.
Y aquí está "El amargo sabor de las rosas":



En breve, os contaré más detalles de esta publicación.


martes, 21 de febrero de 2017

lunes, 23 de enero de 2017

CONVOCATORIA CERTAMEN LITERARIO "ENRIQUE SEGOVIA ROCABERTI" MODALIDAD DE FÁBULA.


La Asociación de Amigos de la Biblioteca y del Archivo Histórico de Chinchón inició la convocatoria del Certamen Literario Enrique Segovia Rocaberti bajo la modalidad de poesía; para la segunda edición se eligió el microteatro, para la tercera el artículo de opinión. El epigrama fue el género elegido para la pasada convocatoria. Todos estos géneros fueron ampliamente cultivados por Enrique Segovia Rocaberti. Esta nueva edición se hace bajo el genero “fábula”, que aunque no fue una forma literaria usada por nuestro autor en sus obras, consideramos que el espíritu crítico y pedagógico contenido en la “fábula” como subgénero literario tiene mucho que ver con la esencia de la obra de Enrique Segovia Rocaberti. 
Nuestra intención es recuperar este tipo de subgéneros que tan populares fueron en siglos pasados:
V CERTAMEN LITERARIO “Enrique Segovia Rocaberti” 2017  
Definición de “fabula” de la RAE: “Breve relato ficƟcio, en prosa o verso, con intención didácƟca o críƟca frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados. 


BASES: 
1. La Asociación de Amigos de la Biblioteca y del Archivo Histórico de Chinchón (ABACH), con el propósito de recordar y dar a conocer la obra del gran escritor chinchonés, convoca el V Certamen Literario “Enrique Segovia Rocaberti”, en la modalidad de FABULAS. 
2. Podrá participar cualquier persona mayor de dieciséis años. Se establece una única categoría y dos premios: ganador y finalista. 
3. Los textos estarán escritos en lengua espa- ñola y cada autor/a podrá presentar un máximo de dos fábulas. 
4. Los textos no podrán contener ningún tipo de insultos, expresiones peyorativas, descalificativos, expresiones discriminatorias, así como tampoco incitaciones a la violencia ni amenazas. Tampoco se permitirán contenidos obscenos de cualquier índole. 
5. No podrán presentarse obras ya premiadas en otros concursos. 
6. La temática de las fábulas es libre. 
7. La presentación de los trabajos podrá realizarse en formato digital o en formato papel. Presentación en formato digital: Para la presentación en formato digital se enviarán a la dirección de correo electrónico: abachpetraramirez@yahoo.es dos archivos: uno en el que se incluya la plica, y otro en el que se encuentre la fábula que se presenta al concurso. El nombre del archivo que contenga la fábula deberá corresponder con el título de ésta. El nombre del archivo que contenga la plica deberá tener la estructura: Plica_Título de la fábula. La fábula deberá llevar en la cabecera de la página el título y lema o pseudónimo escogido. En el archivo de la plica se incluirán los siguientes datos de la persona participante: nombre y apellidos, fecha de nacimiento, dirección completa, teléfono, dirección de correo electró- nico y pseudónimo escogido. En caso de participar con más de un texto, cada texto deberá ser un archivo independiente con su correspondiente plica. Presentación en papel: Para la presentación en formato papel se incluirá la fábula en un sobre grande, indicando en su portada: V Certamen Literario “Enrique Segovia Rocaberti”, y en un sobre pequeño cerrado, metido en el grande junto a la fábula se incluirán los datos personales (nombre y apellidos, fecha de nacimiento, DNI, dirección postal, correo electrónico, número de teléfono de contacto), indicando en su portada el pseudónimo utilizado por el concursante y el título de la fábula. En caso de presentar más de un texto cada uno deberá ir en un sobre independiente. Los textos se enviarán a la sede de la Asociación: Biblioteca Municipal de Chinchón; calle los Huertos, 24, 28370 Chinchón. También podrán entregarse en la Bibliote- ca en su horario de funcionamiento. Los menores de 18 años deberán incluir en los datos de la plica el nombre y apellidos de la madre, padre o tutor, con su teléfono y dirección de correo electrónico. 
8. Los datos personales facilitados sólo serán conocidos por la organización del concurso, quien garantizará el anonimato de los textos durante todo el proceso de selección y deliberación del jurado. La organización designará a los miembros del jurado. 
9. El plazo de admisión de los textos comienza el día 16 de enero de 2017, y finalizará el 16 de marzo de 2017 
10. El fallo del jurado será inapelable y se hará público el día de la entrega de premios en acto público celebrado en Chinchón durante el mes de mayo de 2017. Las fábulas premiadas serán publicados en la página web de la Biblioteca de Chinchón una vez finalizado el concurso. 
11. El premio para el ganador y el finalista consistirá en la publicación en papel de los trabajos premiados, lote de libros y tablet. 
12. La participación en el Concurso implica la aceptación de las bases, cuya interpretación es responsabilidad de la organización del Concurso. 
13. El autor cede los derechos de publicación y difusión de los textos en todos los soportes a la Asociación ABACH 

miércoles, 13 de julio de 2016

DOS EPIGRAMAS, DOS


La Plaza Mayor de Chinchón. de Teppei Sasakura


¡LA MÁS BONITA
DEL MUNDO!

Dicen, quienes la conocen,
Que la Plaza de Chinchón,
Entre todas las del mundo,
Es, sin duda, la mejor.

Es escenario de cine,
Famoso coso taurino
Comedor de restaurantes...
Punto de encuentro de amigos.

Pista de baile en las fiestas,
De las procesiones, broche,
Sala de juegos de niños...
Bar de copas por la noche.

Pero a diario se queda,
Lo digo con sentimiento,
En vulgar aparcamiento
Reservado para coches.



ENVIDIA.

Ando medio enamorado
De una mujer singular,
Aunque opinan mis amigas
Que me vuelvo a equivocar.

Dicen que es cejijunta,
Algo bizca y con bigote,
De cara, poco agraciada;
De tipo, parece un saco,
Pues no es alta ni delgada.

En el andar, poco airosa,
Contrahecha, patizamba;
Mucho genio, mal carácter
Y, más bien, poco graciosa.

Poco clara en el hablar,
Porque se atasca y cecea;
Lo que les lleva a olvidar
Que una mujer, aunque fea
Suele tener su atractivo,
Pues la suerte que ella tiene,
Las más guapas la desean.


jueves, 18 de febrero de 2016

MIS LIBROS DE RELATOS.





Posiblemente, donde más cómodo me sienta, como escritor, es haciendo relatos cortos, pequeños cuentos, que se me van ocurriendo, y después los voy publicando en el blog. 
Antes, porque a mi me gustaba escribir desde pequeño, los iba guardando en cuadernos y carpetas, y es posible hasta que alguno de ellos se me llegase a perder.
Y es que se me ocurren muchas historias, y es que hay que pensar que la mente humana se comporta muchas veces de forma extraña. A lo mejor la de todos no, pero la mía, sí.
Cuando me siento delante del ordenador, y hay en la pantalla un documento de Word en blanco, a veces que se me ocurren cosas muy raras, que no sé quien me las puede poner en la cabeza, y entonces las escribo, y cuando termino casi no las reconozco, me parece que las hubiera escrito otra persona o que mi mente estuviera abducida por alguien demasiado loco o con una imaginación desmesurada.
Yo, cuando ocurre esto, procuro poner un poquito de humor, o una pizca de ternura o un pellizquito de sensibilidad, para que esas cosas tan inverosímiles tenga su algo de atractivo.

Y después, incluso, parece que no me quedan mal del todo. En ocasiones he mandado algunos de estos cuentecillos a certámenes literarios y ¡hasta me los han premiado! Que es lo que yo me digo: ¡Hay gente “pa to”!



Con estos relatos o pequeños cuentos, he ido, con el tiempo, haciendo varias recopilaciones. Son de temas muy variados y no he llegado a publicar ninguno de ellos. Pero si queréis conocerlos, todos ellos están en este blog del Eremita. Sólo tenéis que "pinchar" en las "portadas" que están en el margen izquierdo y podréis acceder a ellos.
Incluso, a lo mejor, hasta os gustan.
Eso espero.

lunes, 4 de enero de 2016

"LÍNEA 10 [HORMIGAS AFRICANAS]" DE ANDRÉS MORALES ROTGER, PRIMER PREMIO DEL CONCURSO "RAFAEL MIR" DE CÓRDOBA.




Mi amigo Andrés Morales Rotger, del que ya he publicado alguno de sus escritos, ha conseguido el primer premio en el Concurso de Relatos “Rafael Mir” de Córdoba, con este relato titulado LINEA 10 (HORMIGAS AFRICANAS). Os le ofrezco para que también vosotros seáis partícipes de este bella historia.









Un collar de cauris vale en el top manta de la línea naranja 90 céntimos. Un libro de iniciación a la lectura 18 euros. Sin tener en cuenta el valor de la inversión, Seydou Traoré tendrá que vender 20 collares para adquirir un libro.


Se postra de rodillas, toca con las palmas la humedad del pavimento y hace el gesto de pasarse la palma de una mano sobre el dorso de la otra, como si se estuviese lavando. Seydou Traoré purifica su rostro con esa agua lustral que le regala el rocío y levanta ambas manos a nivel de los oídos. Vuelve las palmas planas al cielo abierto; los dedos juntos. Sin duda Al-lah escucha a quien lo alaba. Allí, pegado a las escaleras de la línea 10 es el lugar ideal para que Seydou extienda su manta de motivos étnicos; de negros y grises y blancos africanos. De brazaletes y collares y ajorcas y zarcillos hechos de nostalgia y conchas de cauris ensartadas con pelo de elefante.
—Es imposible sobrevivir aquí sin saber leer —Tongo Bagayoko, negro de trencitas rastafari, zapatos sin cordones y un irrebatible y arrogante destello de altivez en el rostro, se ofrece para enseñarle a leer—. Es como seguirle el rastro a las hormigas, Seydou: aprenderás rápido.
Tongo Bagayoko vivía a orillas del Mayo-kebbi, a siete veces siete tiros de flecha de Seydou Traoré. Pero el día en que, por arponear un pez ballesta, el río Mayo lo engullera en sus aguas más oscuras, Bagayoko interpretó que el alma del río lo repudiaba. Conque vendió su canoa, le regaló a Seydou el arpón y la pértiga, se despidió de sus padres y abandonó la aldea en busca de alimento. Tenía pocos años, mucha hambre y unas prodigiosas dotes para amenizar los festejos con ese lirismo tribal y salvaje con que palmeaba el tambor. A cambio de un camastro y dos comidas lo contrataron de vacíaceniceros en la boîte de un céntrico hotel en Bamako. Pero dos años después, a consecuencia de la revuelta del 21 de marzo, el hotel fue arrasado por las milicias y la sala de fiestas reconvertida en cantina para las tropas. Del desastre, Tongo Bagayoko pudo salvar una chaqueta naranja, un calzón a listas anchas y un saxo soprano que abandonara a la carrera la orquesta del hotel. Y con el dinero y los víveres que pudo reunir se embarcó de polizón en un contenedor vacío. Tenía 17 años y un nuevo nombre: a partir de entonces se haría llamar Mongo. Mongo que según él significa enorme. Soy enorme en lo mío, aclara al referirse a su música negra. Él es Mongo, Mongo Jerry.
—Mucho barato, uno euro. —Un dinosaurio y un niño se han detenido frente a la manta. El niño señala un collar sin soltar el dinosaurio, fascinado por el reflejo fragmentado de los cauris; esas conchas africanas que en el Sahel sustituyen a las monedas en el trueque. La madre apremia al pequeño dinosaurio—. Sólo 90 céntimos para ti, ¡escucha!
—Escucha bien, Seydou —el hermano Mongo, el mejor hermano de sus mil hermanos abre la primera página del libro de iniciación a la lectura—: la eme con la a se pronuncia ma.


Como Maryama, la viudita con quien Seydou Traoré se cruzaba cuando bajaba al río, portando sobre el cojín de cuero una vasija en la cabeza. Maryama, la viudita virgen, cuarta esposa de un veterano pescador que falleció la noche de bodas por un exceso de savia de palma, de estofado de cabra, calabazas humeantes de arroz y mojama triturada de pez ballesta; ese polvo de pescado seco tan apreciado por los hombres de río para el fortalecimiento del impulso seminal. La eme con la a, ma. Como Maryama, la viudita del pescador que falleciera en su desaforado intento por encontrar ese pececillo que ocultaba su esposa junto a la ingle. Por su desenfrenado empeño en no dejar espacio sin recorrer, rincón sin acariciar, fibra sin lamer, secreto sin profanar en busca de ese tatuaje en forma de pez de la recién casada. Lo mató su empeño y el exceso de ungüento de pez ballesta en su pene hinchado. Lo mató eso. Eso fue lo que lo acabó, por más que las mujeres del poblado comentaran a la luz de la lumbre que Maryama se desnudaba en la ribera las noches sin luna, cuando el pez ballesta salta del río y se transforma en un príncipe de piel blanca, cabello rubio y una luz gris azulada en los ojos. Por más que comentaran que el Príncipe le secó el alma al viejo para robarle la muchacha. Pero Seydou no cree en rumores. Yo no creo ni en príncipes ni en cuentos de hoguera.
—Hago yo todo con manos mías; uno euro. —La usuaria de la línea 10 se prueba el zarcillo izquierdo. Elegancia y equilibrio en los gestos, alguna duda, ropa impecable, probablemente muy cara, se mira, se estudia en un espejo que Seydou le tiende, decide probarse la pareja del zarcillo, manos largas y estrechas, aspecto muy cuidado, son sencillos pero exóticos, cumple 67 y es de una belleza inquietante, muy muy sencillos—. Sólo 90 céntimos para ti, último precio.
—Es muy sencillo: como ensartar un collar de cauris, como ensartar un pez ballesta, como seguirles el rastro a las hormigas legionarias. Atiende. —Seydou Traoré tiene la mirada cautiva de las palabras del hermano Mongo. Nada le ilusionaría más que interpretar en qué se traduce esos rastros de hormigas sobre el papel. El mejor hermano de sus mil hermanos que faenaban en el Mayo-kebbi despliega el libro y lee lentamente—: la ere con esa letra viperina como lengua de serpiente se pronuncia ry.
Suena como Maryama. Como cuando Seydou conjugaba su nombre. Siempre en los labios, como cuando regresaba de la pesca y ella bajaba por agua; cuando el calor empezaba a quemarle la mejilla izquierda y la luz era un cristal azul en el cielo. Con el sol todavía horizontal el pescador ha reconocido la cántara de Maryama aproximarse, la decisión de unos pasos por la tierra roja y fría y húmeda aún; recta como un mástil. Así eran las cosas por entonces: el sol sangrante del amanecer, la muerte flotando en el aire del morral donde agonizan los peces, la cántara de agua sobre un cojín de sueños, la prohibición de abordar sin más a una mujer, la mucha sed de Seydou Traoré, la mucha sed que le provocaba el cuerpo de la viudita, la desnudez negra y brillante de su piel, las pesadas bolas de ámbar entre los pechos, su simpatía altanera y los labios levantados, como ofreciéndose a la espera. Así eran las cosas durante el día. Pero en las noches sin luna, no. Con la luna nueva los hombres no se hacen a la pesca. Tampoco las mujeres acuden al río si no les apremia la necesidad de agua. Aun así, unos pies descalzos se encaminan a la ribera portando sobre el cojín de cuero una vasija en la cabeza. En un tramo de playa se arrodilla en la arena y deposita la cántara. Acto seguido se despoja del bubú; ese a modo de pareo policromado que lucen las mujeres del Sahel. Hace acopio de agua ahuecando las dos manos y bebe tres veces. Después se refresca las mejillas, los pechos, el vientre. Maryama se tiende como una venus de ébano junto a las aguas, deseosa de entregarse una vez más a la procacidad del pez ballesta, del cual dicen se manifiesta en forma de hombre blanco a quien se atreve a desvestirse cuando el agua corre oscura. Sin temer a las sombras pobladas de gritos, Maryama espera al príncipe de piel blanca, cabello rubio, y esa luz gris azulada en los ojos con que lo describen aquellas que lo vieron. Y lo espera sin miedo porque en la noche africana los animales y los dioses actúan y aman como cualquier miembro de la aldea. Pero Seydou Traoré no se inquieta. Es un hombre que nunca se ha cuestionado la afición de la viuda por dormir desnuda las noches sin luna. Seydou está enamorado. Y los enamorados no se cuestionan según qué cosas.
Así eran los días y así eran las noches a orillas del Mayo-kebbi.


—No plástico. Todo conchas del desierto; uno euro. —Él y ella son los últimos de la última entrega del metro en aparecer por la boca de la L10. Él, setenta y dos, pensionista; disfraza la flojedad de piernas mirando de frente y alto; se vence hacia la manta haciendo un esfuerzo. Ella, agarrada a la bolsa de la compra, peinado corto, ahuecado, rulero; le increpa al hombre por perder tiempo revolviendo collares y pulseras, como si se hubiese echado una amante a su edad, hombre de Dios, para qué quieres tú unos zarcillos africanos—. Hoy vendo barato, dejo a 90 céntimos; para señora.
—Y ahora presta atención, Seydou —el único hermano de sus mil hermanos que viste chaqueta naranja y calzón a listas anchas se vence hacia la manta sin esfuerzo, flexible, para mostrarle a Seydou Traoré el libro de lectura—: la a y la ma ya las conoces. Juntas se leen ama.
Las letras finales de Maryama. Porque al final Seydou decidió esperar como una sombra a que la aguadora cruzara frente a él, al igual que hicieran desde hace mil eternidades los hechizados de amor. Y así ha sido desde siempre, porque el agua y la mujer son fuentes de vida. Por eso en el Sahel la mujer debe ser abordada cuando baja por agua a la orilla. En cualquier otra circunstancia son totalmente inaccesibles. Y por eso hay una sombra que aguarda la mirada transparente de la viuda y su vasija de agua; que se debate entre el temor y la esperanza con intención de regalarle el refrescante fruto del baobab, un obsequio interesado con sabor a mezcla de melón y miel, a cambio del cual, Seydou pretende que la muchacha le sacie esa sed que nadie sino ella le provoca. Junto a algún camino o árbol del recuerdo Seydou Traoré espera la mirada de unos ojos habituados a los colores calientes. Contiene el aliento. El tiempo se vuelve silencio mientras la pesada bola de ámbar se pierde entre los senos de Maryama. Contiene el aliento y espera. Acaricia el cintillo de la buena suerte que trae en el pulso a fin de forzar el destino. Seydou Traoré necesita beber agua buena de Maryama, le suplica, le ruega, le pide, le exige, le suelta como un zarpazo de león en medio del silencio. Tiene sed. Tengo sed. Y a este silencio le sigue otro silencio. El silencio de la savia corriendo por las ramas más bajas del baobab, de los aullidos de un mono, del pájaro Kalao cuyo concierto desconcierta a Seydou hasta el punto de no escuchar sus propias palabras. Seydou Traoré tiene mucha sed. Tengo sed, repite hasta conseguir escucharse a sí mismo. Y el asombro le asoma a los ojos al comprobar que la cuarta viuda del pescador le permite alzar los brazos, robarle la cántara, y saciar con su agua esa sed inextinguible que lo estaba consumiendo. El agua buena de Maryama en la boca, el agua de Maryama en los labios, el agua salpicándole los párpados. Seydou levanta la cara y mira a la muchacha de frente. Y sin dejar de mirarla, derrama el resto de agua, separa las manos y deja que la vasija se astille contra el suelo ante la sorpresa de los árboles desnudos. El tiempo se detiene con una gota de agua a punto de saltar de las pestañas. No hay vuelta atrás: Seydou Traoré ha roto la cántara de una mujer y antes de que se apague de nuevo la luna debe pedirla en matrimonio. Estoy obligado, Maryama.
—Barato, barato, barato. Mucho barato: sólo uno euro. —La melena de una mujer casi guapa se queda a curiosear junto a la manta. Trenca camel. Piernas insolentes, fibrosas, con una cicatriz en la rodilla. La chica casi guapa y su mochila de estrellas no consiguen evadirse de los hipnóticos destellos del nácar. La chica de la cicatriz le pregunta si tiene zarcillos decorados con delfines blancos—. Tú mira todo. Yo sólo conchas de cauris: 90 céntimos.
—Ahora tú solo; lee. —Mongo Jerry, el primer hermano de sus mil hermanos que huyera de la aldea y desembarcara con un saxo soprano en los jardines de Al-lah le anima a intentarlo—. Si unimos los rastros, las hormigas legionarias nos dibujarán su nombre completo: Ma·ry·ama.
Estoy obligado, Maryama. Estoy obligado, padre. Seydou Traoré sigue día tras día el rastro de la viudita. Pero se engaña: la cántara sólo se rompe una vez y, mal que le pese, ella es viuda. Lo enseñan las palabras con conocimiento de los ancianos. Se lo recalca su padre: Maryama fue la cuarta esposa de un veterano pescador. Se lo recuerda sin miramientos ni sonrisas: una viuda que consuela su soledad en el río. Seydou desvía la mirada y vierte dzan en el cuenco. La bebida le baja amarga al corazón. Echa más savia fermentada de palmera al cuenco y lo escupe a los cuatro vientos, a fin de obtener de sus antepasados la bendición para abandonar la aldea. Aprieta fuerte los párpados. Llora despacio. No hay elección: el tiempo entre él y ella quedará sin inaugurar. Tal vez sea bueno que llore. Porque antes de que la luna se apague de nuevo se despedirá de Maryama, le confiará todo su excedente de amor en un beso y partirá hacia un piélago de islas cercanas a la costa africana. Y de allí, con la ayuda de Al-lah —exaltado sea—, irrumpir en el azar de otro tiempo y otro continente, dejando atrás el ruido que hace la vida al alejarse de ella.
—Tú guarda dinero tuyo —el revuelo de una falda se detiene con intención de comprar. Pero Seydou Traoré ya ha doblado la manta de motivos étnicos y se dispone a cargar la mochila de brazaletes y collares y ajorcas y zarcillos hechos de nostalgia y conchas de cauris ensartadas con pelo de elefante. Orienta el cuerpo en dirección opuesta a la puesta del sol; las manos ligeramente alzadas, cruzadas delante del pecho, y recita la oración del atardecer ante el aleteo de unos párpados, la mirada confusa, el pelo mojado y un rostro de mujer sin maquillar. Bahá'u'lláh. Nada sucede si no es por Su voluntad—. Seydou no nada vende después de rezo de oración.
El sol se recoge, la añoranza aumenta y las heridas sin cicatrizar quedan encerradas entre los paréntesis del tiempo. De bajada a la línea naranja se encuentra con el aliento cálido de la estación y con el empuje desconsiderado de cuatro jóvenes sudaderas de algodón, calzón de camuflaje y página de sucesos, que saltan los escalones y el torno del billetaje como si practicaran en el gimnasio. Y más allá del torno, el torrente de caras descaradas y resignadas, caras de aburrimiento y vitales, distraídas e intensas, de intolerancia y comprensivas, humanitarias e indiferentes. Y también algunas de rechazo y otras de una compasión primitiva. Y entre todas las caras una cara más. La terrible luz de una sonrisa y la admirable oscuridad de un rostro entre las caras del vestíbulo donde un saxo soprano canta en lo más alto del llanto, como el pájaro Kalao cuando se enrama. Seydou Traoré se mete en el vestíbulo naranja donde su hermano Mongo deja volar a su aire el BIRD OF PARADISE de Charlie Parker, por detrás de un sombrero hongo que lo mira boca arriba entre unos zapatos viejos sin atar. Baja a la línea 10, se mete entre las caras, entra en el vestíbulo y saluda al primer hermano de sus mil hermanos que huyera del país con 17 años, un saxo alto y un calzón a listas anchas. Y con gesto cómplice agarra el sombrero hongo y lo pasea ante las mil caras que forman coro en el vestíbulo, aplaudan su música o no, toleren o no la energía negra y asfixiante de su rostro; lo pasea hasta enrasarlo de monedas y más monedas de agradecimiento hacia el hermano sin cuya ayuda nunca consiguiera descifrar el rastro de las hormigas; cualquier cosa por su hermano Bagayoko, ese hermano entre mil hermanos que de un tiempo acá se hace llamar Mongo y que, según él, significa enorme. Soy enorme en lo mío, aclara al referirse a su música negra. Lo que hiciese falta por su hermano Mongo Jerry.
Y con el aleteo sonoro del pájaro Kalao, el vendedor de collares descenderá las escaleras hasta que se diluyan los últimos acordes y permanezcan sólo el recuerdo de Maryama en la distancia. Recuerdos dibujados en los desconchones de un trastero en el sótano; de siluetas de nubes y animales en las paredes. Del fruto con sabor a mezcla de melón y miel, de las ramas más bajas del baobab, de los aullidos de un mono, del pájaro Kalao. Dibujos en los desconchones con forma de un cojín de cuero en la cabeza, de pedazos de vasijas en el suelo. De animales mitológicos como el pez ballesta que salta del río y se transforma en un príncipe de piel blanca, cabello rubio y una luz gris azulada en los ojos. Eso es lo que Seydou veía en la pared cuando la miraba fijamente: nubes y dibujos reflejados en la región más profunda y selvática del pensamiento. Dibujos de la viudita virgen; cuarta esposa de un pescador fallecido. Desconchones que estirado en su camastro le acercan la presencia de Maryama, desnuda en la ribera las noches sin luna. Nadie sino él puede imaginar cuánto hiere la distancia. Y a quien no entienda lo que eso significa no vale la pena que Seydou Traoré se moleste en explicarlo.


El tren lo escupe en la última estación de la L10, cuando en el vagón sólo viajan el hueco de los asientos vacíos y los puños prietos de Seydou contra las cuencas de los ojos. Sale a la noche y asciende la última cuesta de esa última calle donde no se acerca el transporte y no hay más vida que un par de nubes de mosquitos pegados a la luz de dos farolas. A sólo doscientos metros de la segunda farola con luz se perfila una sombra de cemento. Seydou está a un solo tiro de flecha cuando siente un estremecimiento en el estómago. Piensa en esa carta que espera y nunca recibe. Cada día piensa en esa carta. Y si bien Maryama no escribe, hay una escuela en la misión. A orillas del Mayo-kebbi había una escuela – misión – hospital y un hombre rubio de complexión anglosajona y alzacuellos blanco que leía y escribía y administraba el bautismo a las muchachas como ella. Seydou está a menos de un tiro de flecha del portal y su ilusión en llamas le repite que hoy recibirá esa carta con que sueña cada día. Hoy la recibirá; seguro.
Empuja la puerta sin cerradura, desciende las escaleras, deja a un lado la penumbra del pasillo y abre su cuartito trastero al fondo del semisótano. Un aullido ancestral rebota en las nubes y dibujos de las paredes, en la silla junto al jergón, en un vaso vacío y en los verdes, amarillos y rojos de una bandera de papel clavada con cuatro chinchetas entre dos desconchones. Seydou Traoré abre el sobre. Lo besa. Son diez líneas repletas de una escritura minúscula, picuda y prolija, escritas por la mano blanca del hombre que bautiza a las muchachas.
Seydou Traoré lee en voz alta.
Seydou Traoré relee sin voz.
Lee entre lágrimas.
Las hormigas legionarias le dicen que el vientre de Maryama crece con una fuerza increíble. También le dicen que el hombre del alzacuello regresará pronto a su país.
Las hormigas que caminan sobre el papel se huelen que la criatura tendrá la piel blanca, el cabello rubio y una luz gris azulada en los ojos.  
Tse Okary no quiere saber leer.

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SENTIRES. Canta Mª Antonia Moya. Edición remasterizada. 2012. Incluye las canciones siguientes:

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De Schubert. Canta María Antonia Moya, acompañada por el Maestro Alcérreca. 2011. Para escucharlo, pinchar en la image.

LA TARARA

LA TARARA
Canta Maria Antonia Moya. Si quieres escuchar la canción, pincha en la imagen

LOS PELEGRINITOS

LOS PELEGRINITOS
La canción de Lorca, cantada por María Antonia Moya, con imágenes de Lucena (Córdoba) Para escuchar la canción pincha en la imagen.

EN EL CAFÉ DE CHINITAS

EN EL CAFÉ DE CHINITAS
La copla de Lorca, cantada por María Antonia Moya, acompañada a la guitarra por Fernando Miguelañez. 1986. Para escuchar la canción, pinchar en la imagen

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE
Maria Antonia Moya canta el Romance Sonámbulo de Federico García Lorca. Puedes escucharlo pinchando la imagen.

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LOS CUATRO MULEROS.
Canta: María Antonia Moya. 1986.Para escucharlo,pinchar en la imagen.

PERFIDIA

PERFIDIA
Canta Maria Antonia Moya, acompañada a la guitarra por Fernando Miguelañez. Año 1986. Para escuchar la canción, pincha en la imagen.

PASODOBLE DE CHINCHÓN

PASODOBLE DE CHINCHÓN
Letra: L.Lezama - Música: Palazón. Canta: María Antonia Moya. 1987Puedes escucharlo pinchando en la imagen

MIS LIBROS DE FICCIÓN. EL AMARGO SABOR DE LAS ROSAS.

MIS LIBROS DE FICCIÓN. EL AMARGO SABOR DE LAS ROSAS.
"El amargo sabor de las rosas" Novela. Marzo de 2017

LA BODA

LA BODA
"La boda" 1996 -2001. Inédito.Para leer el cuento, pincha en la imagen

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CHINCHÓN MÁGICO
"Chinchón Mágico" 2002. Inédito. Para leer el libro, pincha en la imagen.

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"Andanzas y sentires" 2003. Inédito. Para leer el libro, pinchar en la imagen,

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Cuentos de Otoño. 2006. Si quieres leer los cuentos, pulsa en la imagen.

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CUENTOS DE CAFÉ CON LECHE
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ALELUYAS CHINCHONETAS

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ALELUYAS CHINCHONETAS. Para poder ver todas las aleluyas chinchonetas, pinchar en el dibujo.

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